BUSCAR EN ESTE BLOG

viernes, 16 de julio de 2010

LOS CIEN AÑOS DE FEDERICO GARCÍA LORCA por ANDRÉS MORALES


 
Mucho se ha oído en 1998 acerca de Federico García Lorca (Fuentevaqueros, 1898 – Granada, 1936). Se han cumplido cien años de su nacimiento (1) y en España y en toda Hispanoamérica el evento se ha venido celebrando con multitud de homenajes, congresos, encuentros, lecturas y reediciones de sus libros. Hace poco, aquí en Chile, se realizaron seminarios y homenajes organizados por universidades, academias, centros culturales e institutos de las más variadas filiaciones… Pero, ¿qué hace que Federico García Lorca sea tan popular, tan querido y tan revisitado por los -cada día menos- lectores de poesía?

Las razones pueden ser muchas y deben ser analizadas desde variadas perspectivas, pero creo que la más importante es la condición de "crisol" que su obra tiene como un verdadero palimpsesto donde confluyen universos tan distintos como la música popular, folklórica y clásica, la tradición más arraigada del Renacimiento y Barroco, la ruptura de las vanguardias (donde el expresionismo, el creacionismo y el surrealismo juegan un papel preponderante), el cine, los toros, las canciones infantiles, el jazz, el teatro y un innumerable etcétera que permiten hablar de una poesía (y un teatro) donde cada lector puede encontrar un aspecto que ha de interesarle o conmoverle: cada cual hallará lo que le interesa, nadie saldrá de sus obras con las manos vacías. Y no se trata de un collage de “actualizaciones” tan a la usanza del postmodernismo light que hoy por hoy vivimos: por el contrario, la poética de García Lorca se basa en la integración, la interacción y la reconstrucción del pasado con el presente y el futuro. Nada de esa "espontaneidad" que parece respirar su escritura está improvisada (2) o "caída del cielo": cada palabra, cada verso, cada poema está sutilmente asido a un marco multidisciplinario, a una intertextualidad, a una visión de mundo totalizadora (aunque no omnívora ni menos unidireccional), abierta, sin prejuicios, que reúne sabiamente sus elementos arquitectónicos para construir una nueva tradición que aún no acaba de finalizar (al menos, creo, en la poesía y la literatura de América Latina): la tradición de la verdadera reactualización, del diálogo, de la construcción sobre la construcción, del barroco y del neoclasicismo, de la huella que prefigura y adivina la próxima huella que no niega el paso primero sino que se apoya y fundamenta en él. Una idea de cultura, de pasado y de futuro, de presente y tradición que puede convivir al unísono (aunque a veces en amable discordia) y que se alimenta, crece y desarrolla con los problemas de una realidad candente y de un imaginario común que estira sus manos hacia lo mediato e inmediato.

Esta virtud casi única en la obra lorquiana hace que su poesía, como su teatro, mantenga una asombrosa vitalidad. Nada "huele a cadáver" en la estética del granadino: podrá hallarse mayor o menor ingenuidad, mayor o menor gravedad, mayor o menor frescura, pero la "visión de obra" (3) se sostiene con increíble solidez. Este autor consigue levantar verdaderos pilares temáticos que enmarcan, conducen y ligan cada detalle, cada intuición, cada imagen con ese sustrato final que nos habla de la condición humana, de lo desconocido, de la muerte.

Federico García Lorca supera su condición de "fetiche cultural" (asociado a su trágica muerte en manos del horroroso fascismo español en ese otro drama terrible que fue la guerra civil o, últimamente, asociado también a su condición de escritor perteneciente a una minoría sexual) para sostenerse solo por su escritura (4). Otros poetas han construido sus propias mitologías, sus propias leyendas, sus historias reales o ficticias; García Lorca no necesita trucos ni hagiografías personales para convencer sobre la trascendencia de su obra y de su personalidad como animador cultural del grupo poético de 1927. La sola valoración de sus libros (desde Libro de poemas a Diván del Tamarit), de su teatro, de sus conferencias, de sus dibujos, de sus transcripciones y de sus arreglos musicales, bastan para configurar el inmenso espacio que por sí solo habrá de seguir concitando la atención de la crítica que ya ha reunido millares de artículos, libros, tesis, monografías y ensayos.

Desde la óptica de quien escribe poesía, creo que ha de revisarse con sumo cuidado el libro Poeta en Nueva York (escrito en Estados Unidos entre los años 1929 y 1930, y publicado póstumamente en 1940), donde es posible comprobar como el poeta advierte proféticamente sobre los peligros de la deshumanización, de la masificación, de la mecanización, de los posibles desastres ecológicos (5) y de la cosificación del habitante de las macrociudades aparentemente fantásticas aunque yermas en lo que a emociones y sentimientos se refiere. Lo mismo cuando señala el advenimiento de una civilización que hace del dinero su dios omnipotente y olvida el amor, la justicia y la generosidad como piedras fundadoras de toda sociedad y hasta de las instituciones más sagradas como la Iglesia o el Estado. Denunciando la discriminación racial (6), la oposición entre ricos y pobres, la cruel devastación de la naturaleza en el nombre de una civilización que finalmente se transforma en una “bárbara civilización” asentada en lo baldío, en la soledad y el miedo.

Su búsqueda permanente, su afán de síntesis y renovación hacen de este libro neoyorkino uno de los textos más importantes de la poesía contemporánea en lengua castellana, en el mismo lugar que ocupan Trilce de César Vallejo, Residencia en la Tierra de Pablo Neruda, Muerte de Narciso de José Lezama Lima, Piedra de Sol de Octavio Paz, La realidad y el deseo de Luís Cernuda o el magnífico poema en prosa, Espacio de Juan Ramón Jiménez. Poeta en Nueva York es la mirada total de un poeta completo que no cesa de dolerse, de gritar visceralmente, de inquirir (e inquirirse) en un mundo aparentemente sordo donde la crueldad del poderoso aplasta sin remedio la voluntad de los desposeídos:

 
(...)

Porque ya no hay quien reparta el pan ni el vino,

ni quien cultive hierbas en la boca del muerto,

ni quien abra los linos del reposo,

ni quien llore por las heridas de los elefantes.

No hay más que un millón de herreros

forjando cadenas para los niños que han de venir.

No hay más que un millón de carpinteros

que hacen ataúdes sin cruz.

No hay más que un gentío de lamentos

que se abren las ropas en espera de la bala.

(...)

 
("Grito hacia Roma" de Poeta en Nueva York)


 
Los procedimientos técnicos de este libro (de raigambre vanguardista en todo el amplio sentido de la palabra) como la técnica del montaje, el motivo del viaje, la fragmentación del mundo, la aparición de la voz del inconsciente, los sueños, la enumeración caótica, el discurso de denuncia, las metáforas cinéticas, etc., no hacen sino comprobar que un texto puede reformar el discurso de su época basándose en los hallazgos de la modernidad con la “sana complicidad” de la tradición en lo que a temas se refiere. Todas las obras de García Lorca, unas más, otras menos, realizarán ese prodigio único. No deben olvidarse sus poemarios Diván del Tamarit, Sonetos del amor oscuro o Llanto por Ignacio Sánchez Mejías: en esos otros libros y poemas la actualidad del poeta descifrará el mundo con clarividencia e iluminación, permeándose del mundo de la Andalucía árabe y judaica, del complejo y terrible mundo de la tauromaquia o de la secreta angustia de su homosexualidad que clama en sonetos estructurados en la perfección de un poeta de los Siglos de Oro.

La necesaria relectura de Federico García Lorca, ya apartada de la imagen tópica de un autor, que tanto daño ha hecho para una correcta lectura de su obra y que posee un mundo muchísimo más vasto que el de su Andalucía natal y que, por cierto, está mucho más lejos del tópico clásico de Próspero Mérimée y de la tarjeta postal de una España rural y exótica, se hace absolutamente impostergable. Sola su voz y sola su poesía habrán de hablarnos con ese estremecimiento y esa misteriosa claridad que sólo unos pocos poseen.



1. Texto escrito con ocasión del “Centenario de Federico García Lorca” y publicado en la revista “La Noche”, Santiago de Chile, 1998.

2. Véase su extraordinaria “Poética” escrita para la famosa Antología de Poesía Española que hiciera el poeta Gerardo Diego en 1935.

3. Algo tan alejado de muchos poetas y narradores actuales que escriben sin pensar en lo anterior y, menos, en lo que sucede a lo presente.

4. Otro asunto que deberían tener en cuenta algunos autores que hacen prevalecer su especial problemática, su género o sus particularidades étnicas o sociales para excusar la mediocridad de sus escritos.

5. Adelantándose a todos los movimientos ecologistas que surgirían treinta años más tarde.

6. Muchísimo antes que en los Estados Unidos se iniciaran los movimientos en pro de los derechos civiles y de la igualdad racial entre negros y blancos.
 

miércoles, 14 de julio de 2010

LA POESÍA CREACIONISTA DE JUAN LARREA por ANDRÉS MORALES

Vicente Huidobro y Juan Larrea

Aunque sólo es posible considerar a Juan Larrea como autor de un libro creacionista (Versión celeste (1) , y en justicia sólo creacionista en la primera parte de éste, “Metal de Voz”), es necesario destacar a este poeta como uno de los seguidores más importantes, junto a Gerardo Diego, de lo que se ha llamado el “creacionismo español”, muy distante a la vanguardia ultraísta.
Juan Larrea es introducido al creacionismo a través de Gerardo Diego, en una forma muy singular de propagación de las ideas estéticas de Vicente Huidobro, es decir, a través de la amistad más que en función de lecturas auténticamente reveladoras (2) . En este punto es preciso detenerse en la anécdota que refiere Diego con respecto a Larrea, pues este último, al conocer la nueva estética del chileno no sólo varía su concepción poética y comienza, en esos días, a escribir una obra diferente, sino que vislumbra la posibilidad de conseguir una libertad personal, rompiendo, incluso, con su vida hasta entonces, intentando una aventura existencial diferente estimulado por el poder de las imágenes de esta poesía.
Aunque, como se ha señalado, son escasos los poemas que pueden considerarse estrictamente creacionistas dentro de Versión celeste (y esto es ratificado por el propio autor quien afirma en los prólogos de las ediciones de Torino y de Barcelona que sólo “los seis poemas de este conjunto (“Metal de Voz”) se escribieron y publicaron en 1919, al aparecer el ‘Ultraísmo’ en España” y que “los restantes son testimonio de una experiencia total que, tras un arduo período de empozamiento y preparación, que se extendió de 1926 a 1932, y que, sobre todo a partir de esta fecha, derivó hacia otros rumbos no menos poéticos en realidad, aunque sí más objetiva y concretamente culturales”) no es difícil encontrar huellas de la corriente huidobreana en los textos que el propio poeta calificaba si no de “ajenos”, al menos diferentes a lo que puede calificarse como netamente vanguardista, aunque, tal como afirma Gloria Videla –según confesión de Gerardo Diego- “…El ‘creacionismo’ sirvió a Larrea para orientarse dentro de la ‘no dirección de Ultra. Sin embargo su etapa creacionista se advierte menos por su gran personalidad. Hay en sus poemas más larreísmo que creacionismo” (3) , un asunto que analizaré más adelante puesto que constituye una visión particular de la poesía a partir de las premisas del vanguardismo que, transformadas y sumadas a otros elementos –entre ellos una reconsideración de algunos modelos tradicionales- conforman una poética muy singular. Con respecto a la pertenencia de Larrea al creacionismo y, al cambio ejercido en su poética, David Bary refiere con acierto los límites de esta circunstancia:


“(…) Para Larrea, escribir versos no fue nunca un mero
juego o diversión. En su vida la poesía representaba
siempre un camino de liberación. Empezó a escribir versos
para desahogarse ante las congojas que le producía su en-
cierro en un colegio. El primer texto suyo que conocemos
entero, ‘Transcarnación’ (1917), expresa un cansancio ra-
dical para con la vida que le rodeaba y una necesidad de
profundos cambios. Su encuentro en 1919 con la poesía de
Huidobro no le ofreció, como a ciertos ultraístas, una fór-
mula a seguir para escribir versos según la última moda de
París, mostrándole en cambio la primera esperanza en la po-
sibilidad de transformarse en otro, en su poesía como en
Su vida.
En el caso de Larrea su época creacionista fue relativamen-
te corta. Representa un momento, aunque decisivo, en un pro-
ceso ininterrumpido de búsqueda y de lucha consigo mismo.
Entre 1919 y 1926 escribió muchos poemas; conocemos pocos
de ellos, pero sabemos que para 1926 su poesía había evolu-
cionado mucho. Ya no se parecía tanto a la de Huidobro. Pa-
saba lo mismo con sus ideas sobre poesía, ya que lo concep-
tos que emite en ‘Presupuesto vital’ escrito en 1926 para su
revista “Favorables París Poema”, se diferencian claramente
de las que seguía defendiendo Huidobro en sus Manifiestos
(1925).” (4)


Sin embargo no es posible dejar de subrayar su cercanía, tanto literaria como humana, a Vicente Huidobro (5) , un hecho que marcaría, como se ha visto, gran parte de su existencia y al cual Larrea otorgaba una importancia capital.
Si en 1926, tal como afirma Bary, se produce un distanciamiento en las concepciones poéticas y estéticas frente a Huidobro, este vínculo es especialmente esencial para comprender el período inmediatamente anterior (1919-1925), donde el poeta español escribe la mayor parte de su obra de inspiración creacionista. Una etapa breve y sin un número considerable de poemas, caracterizada por la gran dispersión de sus textos
–aparecidos en diversas revistas de la época, tanto de signo ultraísta o creacionista o simplemente de carácter general- y que, al igual que en el caso de Gerardo Diego, se distingue por un distanciamiento con las premisas de la joven vanguardia española (donde según palabras del poeta “no encontraba atmósfera ninguna”) (6) prefiriendo acercarse más aún a los postulados de Huidobro. Aunque, más tarde, Larrea no desconocía la nueva poesía francesa (7) , opta por la postura del poeta chileno ya que le parece la más idónea con los tiempos y la que más posibilidades podía ofrecer como vehículo de expresión. En este punto es necesario detenerse un momento, pues Larrea no persigue solo una renovación de la poesía escrita hasta ese entonces, sino, en el plano personal, trascender los límites de la literatura hacia su necesidad vital de constituir una cosmovisión distinta de la existencia, algo que perseguirá toda su vida y que le llevará a escribir muchos ensayos que se sitúan más en el terreno de la filosofía y de la meditación estética que en el de la literatura. He aquí una de las diferencias más importantes entre el poeta de Versión celeste y los demás poetas vanguardistas, incluido Huidobro, pues éstos apuntan sus ideas al plano más estrictamente literario (rechazo a la mimesis, búsquedas de nuevos formatos, etc.) sin trascender de una forma abierta hacia lo filosófico, como si ocurre en las concepciones de Larrea (muchas de ellas posteriores a su época vanguardista), pero que ya se vislumbraban en ciernes (8). Prueba de esto es la evolución que es posible evidenciar a través de los poemas posteriores a “Metal de Voz” en Versión celeste, donde es apreciable su proceso y desarrollo desde la estética huidobreana hasta una forma personal de poetizar. Aspecto que muy bien señala el poeta español Luis Felipe Vivanco:

“(…) En la primera parte del libro, la titulada “Metal
de voz”, Larrea ha incluido seis poemas como muestras
de su primera manera de hacer poesía en imágenes
sueltas. Llamémosla su manera ultra (…)
Sin embargo, ha empezado a escribir como poeta
Ultraísta en castellano, sigue escribiendo en castellano
Como poeta creacionista, para terminar siendo poeta
Surrealista en francés. Mejor dicho, termina, según
Confesión propia, no escribiendo más poesía a partir
del año 1932(…)” (9)


Aunque es compleja la filiación de los alcances creacionistas de Larrea (fundamentalmente por la escasez de poemas que reúne en su libro y por la dispersión de estos en revistas ultraístas como “Cervantes” y “Grecia”), existen, como se ha dicho, claros influjos de Huidobro. De esta forma es posible hablar de un Juan Larrea creacionista entre los años 1919 y 1925 (donde es evidente que se trata de un período de formación y de ruptura con la lírica tradicional, marcada por la imitación del estilo huidobreano y por la escritura de Gerardo Diego).



1. Versión celeste


Si bien es verdad que se trata de un libro que tardará muchos años en publicarse, Versión celeste constituye el único poemario de Juan Larrea. Publicado en Italia y luego en España (en 1969 y 1970 respectivamente), algunos de sus textos se habían dado a conocer en revistas y antologías, prometiéndose una edición, jamás publicada, bajo el título de Oscuro dominio o, tal vez, como una Antología de sus versos (10). Otros textos de carácter creacionista se pueden encontrar en las revistas ultraístas arriba mencionadas.
La mayor parte de los poemas relacionados con el creacionismo responden a modelos usuales de los poetas de la época (sobre todo una imitación de los libros del chileno conocidos en España).Aún así, algunos registran, desde ya, algunas características personales de Larrea que pronto lo harán distinguible de los poetas ultraístas y de la estética huidobreana. Así, ciertos críticos han querido ver en esta primera etapa una presencia clara del surrealismo (11), pero, en honor a la verdad, sólo es posible interpretar esto como una búsqueda propia de una voz que se diferencie de su maestro y de los dudosos vanguardistas del ultraísmo.
Entre los poemas que inauguran este volumen es necesario detenerse en el primero, “Evasión” (que desde el título recuerda a Gerardo Diego que titula homónimamente la primera parte de su libro Imagen de 1922). En este texto es posible rastrear imágenes muy ligadas al aspecto más deslumbrante del creacionismo, es decir a aquella práctica de asociar elementos aparentemente inconexos en los que la unidad se encuentra sólo al interior de la metáfora y no en el contexto del poema. No es por eso casual que esté escrito en 1919 (inicio de su escritura vanguardista) y que desde ya establezca una atmósfera personal, más bien sombría, alejada de la obra de Gerardo Diego y de su particular sentido del humor:


“Acabo de desorbitar
al cíclope solar

Filo en vellón
de una nube de algodón
a lo rebelde a lo rumoroso
a lo luminoso y ultratenebroso

Los vientos contrarios sacuden las velas
de mis carabelas

¿Te quedas atrás Peer Gynt?

Las cuerdas de mi violín
se entrelazan como una cabellera
entre los dedos del viento norte

Se ha ahogado la primavera
mi belleza consorte

Finis terre la
soledad del abismo

Aún más allá

Aún tengo que huir de mí mismo” (12)



Es vidente que aparecen con claridad la mayoría de los recursos propios del creacionismo: ausencia de puntuación, imagen como eje del poema, una sintaxis que recuerda mucho a Huidobro, etc. Desde otro punto de vista el poema puede verse aún vinculado al ultraísmo y con la primera etapa de Diego, ya que se utiliza la rima consonante como una particularidad buscando dotar al poema de una musicalidad y un ritmo reiterativo. También la adjetivación, e incluso, gran parte de las imágenes podrían asociarse a la poesía de Huidobro recogidas en El espejo de agua y Horizón carré –obras que Larrea conocía perfectamente- ya que hacen referencia, directa e indirectamente, a la obra del chileno. Tal es el caso de imágenes como “vientos contrarios” (que Huidobro utilizará como título de uno de sus libros en 1926) o la mención a “las cuerdas de mi violín/se entrelazan como una cabellera”, que bien podrían pertenecer a cualquier texto de Poemas árticos o Ecuatorial (ambos libros publicados en 1918 en España, por las mismas fechas en que Larrea componía este texto).
Pero a la par de usar estos recursos tan ligados a Huidobro y Diego (quien también aprovecha la rima como una particularidad dentro de su versión del creacionismo), Larrea introduce una visión distinta a la que poseían, en esos momentos, los poetas antes señalados. Aunque estos se encontraban en una fase de gran “recreación” lingüística, en la búsqueda de toda clase de elementos posibles de incorporar a la poesía e interesados en privilegiar la imagen sobre el contexto, el poeta bilbaíno intentará dotar a sus composiciones de una claridad y transparencia que le distancian de sus otros colegas. En este sentido, cabe agregar que Larrea también ofrece una poesía mucho más cercana a lo propiamente lírico ya que sus imágenes logran desprender una visión patética, emotiva y hasta desesperanzada de la existencia. En este punto es importante señalar que tanto Diego como Huidobro se acercarán a una perspectiva de iguales características a medida que avancen en sus producciones poéticas (pienso en Biografía incompleta de Diego, Temblor de Cielo o Últimos poemas de Huidobro) integrando una visión más conmovida del mundo, donde, muchas veces, el pesimismo recubre la mayoría de las imágenes en una suerte de desencanto que se apodera progresivamente de sus textos. En este sentido Larrea establece de forma muy prematura una mirada diferenciadora que luego, con el correr de los años, será incorporada por los otros creacionistas.
Desde otro punto de vista, llama la atención la coincidencia con Gerardo Diego en el título de este poema. Aunque no se trata de un plagio, podría pensarse en un espíritu similar que ronda en torno a estos poetas; de tal forma, la poesía vanguardista sería un medio para transgredir hacia la huída, hasta la evasión. Fuera de las posibles interpretaciones que es posible especular, en este poema la imagen de lejanía, de distancia, de viaje (‘¿Te quedas atrás Peer Gynt?/… aún más allá?) es otro de los recursos que hacen de este texto un poema evidentemente creacionista. El tema de la distancia y del viaje (recuérdese Ecuatorial o Altazor) puede asociarse a una “huída de si mismo”, una ruptura con el pasado. En este sentido “Evasión” cobra una importancia mayor a la luz de lo biográfico estableciéndose como punto de partida de una obra ajena a la gran mayoría de la poesía escrita en la península. En esa misma dirección, no es extraño que el autor nos refiera su escape hacia el “Finis terre de la soledad del abismo”, un abismo que ya no es otro que el del propio desconocimiento frente a esta puerta novedosa que se abre con la escritura de creación.
Con posterioridad, el desconocimiento, lo ajeno, lo extraño, va desapareciendo en la medida que el poeta hace uso del ejercicio exploratorio de la poesía. De esta manera, Larrea encuentra un sentido a su propia poética, aunque se sienta condicionado por la caducidad de la existencia. En el poema “Razón” (titulado anteriormente y de forma muy sintomática como “Juan Larrea”) se evidencia la necesidad del oficio poético y, aún dentro de su acostumbrada desesperanza, el asombro por la existencia:



“Sucesión de sonidos elocuentes movidos a resplandor, poema
es esto
y esto
y esto
Y esto que llega a mí en calidad de inocencia hoy,
que existe
porque existo
y porque el mundo existe
y porque los tres podemos dejar correctamente de existir” (13)



Texto que bien puede considerarse una suerte de “Arte Poética” o, si se quiere, una confesión, ya que delata el espíritu confuso y hasta angustiado del poeta. Por una parte el poema se constituye “en calidad de inocencia” aunque, a la vez, el hablante evidencia una actitud irónica (“y porque los tres podemos dejar correctamente de existir”) y por otra intenta una definición de la escritura del mismo (“Sucesión de sonidos elocuentes movidos a resplandor, poema”) que muy bien podría recordar las definiciones de los diccionarios de literatura.
En una línea diferente es posible encontrar otro interesante poema de Versión Celeste, “Ocupado”. En él los procedimientos se apartan un tanto del creacionismo para asemejarse a los poemas de corte ultraísta (una vez fracturada la relación entre Huidobro y los vanguardistas españoles). Aquí la realidad sigue siendo pesimista, hasta asfixiante, a pesar que el sentido del humor y lo lúdico hacen su aparición en forma contundente. Por otro lado, Larrea se deja seducir por la moda de incorporar no sólo elementos formales novedosos, sino también con la inclusión de elementos concretos de la realidad que incumben al plano temático del poema. Es el caso de ese autobús del primer verso “a motor de golondrinas” (14) , o las chimeneas y el aeródromo que también aparecen en el texto. Probablemente se trata de recobrar un poco el tono vanguardista que tanto Diego como Huidobro practicaban en sus poemas, de esta manera “Ocupado” pierde la intensidad dramática de otros de sus escritos; de igual forma, la atmósfera, el “temple” del poema recurre a una cierta desesperanza, a pesar de que en esta ocasión se vuelva mucho más hermética:

“Ampáreme un autobús a motor de golondrinas
entre esta bruma rellena de miga de violín
y aún más cautelosa que un prejuicio de casta
ahora que el corazón del turismo palpita
suavemente escondido
Aún es pronto para hacer un buen papel
Enfrente de la chimenea que maneja su buena conducta
Como supremo argumento sobre las avenidas” (15)


A la luz de estos versos es posible ver una recuperación de ciertos rasgos clásicos del creacionismo, a pesar de que por esos mismos años (1923-1924), el poeta bilbaíno iniciaba una exploración personal desde el creacionismo pasando por el ultraísmo hasta llegar a lo que él mismo definió como una “poética total”, es decir, el encuentro de una poesía que logre satisfacer su ansiedad de libertad formal conjuntamente con una plasmación globalizadora de la existencia (aspecto que profundizará en sus ensayos Del surrealismo a Machu-Picchu (16) , o, en su Teología de la cultura (17) , por citar dos de sus textos más connotados). Así se encarga de subrayarlo el propio poeta en carta al profesor Robert E. Gurney, donde clarifica varios aspectos de ese período, a la vez que afirma su lenta pero progresiva separación del creacionismo:


“(…) en noviembre de 1924 me trasladé a París con
el ansia de sentirme libre e inaugurar por fin la ver-
dadera realización de mi vida. “La Vida me llama” de-
cía yo por entonces (…)
(…) No mucho después la libertad que en teoría me
había procurado el ultraísmo empezó a sufrir una pa-
rálisis. Sentía la ansiedad de escribir poemas –algunos
hice- pero tropezaba con mi impotencia para lograrlo.
Tenía que bogar contra la corriente de mi formación
mental con sus formas y contenidos convencionales
y sin medios suficientes para librarme de ella ni del
ascendente de Huidobro (…)” (18)


Larrea se integrará al creacionismo con el convencimiento implícito que su búsqueda de la “imaginación creadora” irá aún más lejos que la vanguardia; de esta forma aunque continúe escribiendo poesía de corte creacionista, su pensamiento perseguirá otros derroteros. Incluso, sin que por esto medie una separación o distanciamiento con Huidobro, Juan Larrea consolidará otra amistad con el poeta peruano César Vallejo, quien, de muy distinta forma con respecto al creacionismo, ensayará también una poesía de vanguardia como es evidente en su poemario Trilce (1922). Con el tiempo, el autor español se convertirá en un incondicional del gran poeta peruano a tal punto que, ya en el exilio, fundará en Argentina la ya famosa “Aula Vallejo”, revista donde se recogerán los principales estudios en torno a la obra y figura del escritor andino.
Retornando a Versión celeste es importante señalar que existen algunos poemas escritos en francés. De esta obra, traducida por los poetas Gerardo Diego y Luis Felipe Vivanco, es fundamental comentar que poseen muchas características del creacionismo. Al igual que Huidobro, quien ensayaría en varios de sus libros la composición en francés, Larrea apunta a una búsqueda de universalización de su obra y, al mismo tiempo, a un deseo de integrarse con plenitud en los movimientos de la capital francesa. Desde aquí no es de extrañar que el poeta derive hacia una suerte de surrealismo y, como se ha dicho, abandone progresivamente el creacionismo y los resabios del ultraísmo español. Más adelante y como afirma nuevamente Robert E. Gurney (19) , el poeta de Versión celeste iniciará una escritura de corte místico, cada vez más alejada de la vanguardia pero próxima a lo que sería su obra ensayística desde el momento en que el escritor decide abandonar la poesía en 1932. En este punto no se puede hablar con propiedad de una poesía de influjo creacionista, pero, tampoco de una ruptura con el pasado de su propia obra. En todo caso es importante considerar la opinión del propio Larrea en torno a su relación con Vicente Huidobro:


“Para Huidobro, que yo sepa, no le era lícita, ni
siquiera soportable, la experiencia mística en poesía
puesto que no creía en más ser que el de su propia
racionalidad. No hablé con él de estas cosas, al me-
nos en forma precisa. Como (…) he expuesto, le
interesaba más bien la parodia, su autocontempla-
ción en el espejo imaginario.” (20)


A pesar de lo dicho, Larrea continuará una ligazón entrañable con Vicente Huidobro hasta el año de la muerte del chileno. La correspondencia entre ambos es una clara muestra de la mutua admiración y de un sentimiento común en la plasmación de una poesía que pudiese superar los resabios de un romanticismo más que tardío y de un modernismo pleno de retórica en la gran mayoría de los poetas españoles.


2. “Cosmopolitano”


Otro de los esfuerzos creacionistas de Juan Larrea es la escritura de un largo poema titulado “Cosmopolitano” (21) . Sin duda alguna, este texto posee un inequívoco influjo de otro extenso poema de Vicente Huidobro, Ecuatorial (22) . Aunque este poema es un texto anterior a la mayoría de los reunidos en Versión celeste, merece una consideración especial por tratarse de uno de los primeros escritos esencialmente creacionistas en España (a la par de los compuestos por Gerardo Diego y publicados en 1922 en su libro Imagen) y, también, porque es un poema donde es posible comprobar el peso y la importancia de la visita de Huidobro a España, conjuntamente con la edición de Poemas árticos, Ecuatorial, Tour Eiffel y Hallalí en 1918. Larrea lo ha confirmado abiertamente en 1973 al profesor Robert E. Gurney:


“En junio (1919) viajé a Madrid como solía hacerlo
todos los años. Adquirí Poemas árticos y por interven-
ción epistolar de Gerardo Diego, visité a Cansinos
Asséns, no en su tertulia del café colonial, sino en la
redacción de “La Correspondencia”. Me prestó los
restantes libros de Huidobro que copié a mano, siendo
Ecuatorial el que me causó impresión más fuerte y dura-
dera. Lo delata mi Cosmopolitano, relativo a una inespe-
cificada ciudad cósmica no ajena a la infinita ausencia
de mi amada”. (23)


De todas formas y en pos de la estricta verdad es indispensable dejar constancia que, fuera de la marcadísima influencia del creacionismo y de Ecuatorial, “Cosmopolitano” evidencia algunas de las particularidades ultraístas (Larrea reconoce el influjo de la vanguardia española aunque afirma, como prueban los escasos poemas cercanos a ultra, que sólo le atraía la libertad expresiva del movimiento). Estos elementos –que en un principio pueden confundirse con el creacionismo en su etapa de gestación- aparecen vinculados al aparente caos formal y temático que ofrece el poema. Al igual que los textos reunidos en “Evasión”, primera parte de Imagen de Diego, es la metáfora, sobre todos los demás rasgos perceptibles, el centro y el eje del poema; a pesar de que aquí existe un tema concreto (una ciudad imaginaria, Cosmopolitano, que bien puede leerse como un adelanto de la Metrópolis fílmica de Fritz Lang), las imágenes se suceden hasta el paroxismo en una especie de descripción delirante de infinidad de particularidades, detalles, anécdotas y personajes. Es en este flujo constante donde es posible apreciar la acostumbrada heterodoxia y desconexión de los diversos elementos de la poesía ultraísta. Otro rasgo peculiar, a pesar que Larrea no siempre acostumbrara a seguir los dictados creacionistas, es el hecho de conservar la puntuación (son muy pocos los autores ultraístas que se desprenden de estas reglas), de forma similar a los ya aludidos poemas de Diego en su ciclo “Evasión”. Pero lo que es extremadamente curioso es la disparidad de elementos que el poeta incorpora del ultraísmo en la composición de esta obra. Por un lado, la libertad formal, la utilización de espacios en blanco (que abandonará en poemas posteriores), la mantención de la puntuación, etc. Por otro, la inevitable atracción que siente ante la posibilidad de constituir multitud de imágenes (en su mayoría poco relacionadas entre sí) que intentan un decurso y un ritmo –en ocasiones quebrado- cada vez más intenso y desconcertante.
De igual forma –he aquí la originalidad del poeta bilbaíno- y conjuntamente con las similitudes que el poema delata con Ecuatorial (tema del viaje, procedimientos técnicos, tono del poema, etc.) “Cosmopolitano” delata ciertas diferencias con el poema de Huidobro. En primer lugar, el ya referido uso de la puntuación que el chileno descarta en su poema; en segunda instancia, la incorporación (a veces un tanto forzada) de multitud de elementos del mundo contemporáneo, hasta el exceso (asunto que Huidobro sólo utilizaba con precisión y sin alardes fatuos de “modernidad”). Por otro lado, el poema de Larrea conserva una adjetivación muy ultraísta, una imagen que persigue el destello más que otra cosa, en contraste con los poemas de Versión celeste, donde la profundidad de la metáfora es justamente uno de sus mayores atractivos. En muchas ocasiones “Cosmopolitano” da la impresión de haber sido escrito con celeridad, al correr de la pluma, sin detenerse en constituir una diferencia de estilo ya sea con el ultraísmo, ya sea con el poema de Vicente Huidobro. Tal vez se trata de un intento por “ponerse al día” con las formas, modos y procedimientos de las vanguardias,
-en especial del creacionismo- más que la búsqueda de un desarrollo temático o de un sello personal. El poema data de 1919, fecha en que el autor recién se empapaba de los logros de las nuevas corrientes literarias. No es que se trate de un poema carente de interés o desprolijo, pero si delata las marcas de un poeta bisoño que quiere adaptar su discurso a los procedimientos más actuales.
Desde el punto de vista de la composición el poema muestra varios planos temáticos interesantes. En primer lugar, la descripción de esta ciudad imaginaria:

“De las nieves perpetuas
con un astro explosivo en la pechera
en sus skis urbanos
bajaban patinando los tranvías,
y en las álgidas torres,
mejor que las campanas
la moza ordeñadora
vendimió al amanecer de las majadas”

Otro plano notable es el que hace referencia a la propia escritura poética, donde el autor deja en claro que posee plena conciencia de su oficio a la vez que puede intuir una facultad poderosa en su poesía, esto es, la posibilidad de comunicación con el lector, pero no una comunicación cualquiera, sino especialmente dotada de connotaciones. De igual forma, el autor siente que sus versos se alejan de sí para entrar en un universo diferente, el universo del lector, lejano y cercano al que compone, entendiendo con esto la autosuficiencia de su arte (como luego describiría Ortega en su Deshumanización del arte de 1924), la capacidad comunicativa y el desdoblamiento que implica dar a conocer estos poemas, eso sí, desde el contexto de esta ciudad fantástica. Tal vez, una gran metáfora del mundo imaginario del escritor (luego presente en el Altazor de Huidobro, que por esos días componía el chileno), donde los objetos, las situaciones, los personajes se encuentran trastocados y dotados de un significado propio en la clave personal del poeta. Obviamente se trata de la visión de Larrea de su propia obra –a la luz de las metáforas- donde adquieren mayor relieve “observándose” desde una perspectiva ajena al propio quehacer:


“Mis versos, ya plumados
aprendieron a volar por los tejados,
y uno solo, que fue más atrevido,
una tarde no volvió a su nido”

Un tercer plano lo constituye el correlato bíblico que es una constante a lo largo de todo el poema. He allí el tono apocalíptico que algunos críticos aprecian en él (24) , ya que las referencias a la muerte de Cristo (otra cercanía con el “Prefacio” de Altazor), a la Pasión y a los personajes que rodearon ese Acontecimiento entregan una nota, si se quiere, discordante, que reaparece en los momentos en que el poeta describe con mayor vehemencia las particularidades de “Cosmopolitano” (extraña palabra que aúna los términos “cosmópolis”, una ciudad del cosmos –título de una revista vanguardista de la época-, con cosmopolita, un habitante universal, un ciudadano del mundo):


“Hay un licor en cada cáliz
y para los años frescos
cuántas veces también
la madre moribunda los pañales
tendía entre las calles
junto al portal de Belén”

Desde otra perspectiva, y tal como se afirmó más arriba, “Cosmopolitano” guarda una estrecha relación con la poesía creacionista de Huidobro. No se trata sólo de un estilo que pueda considerarse común a ambos poetas, también es posible constatar algunos rasgos que muy bien podrían insinuar una presencia más que notoria (sin que esto reste originalidad al tema del poema) de la obra del chileno. Fuera de lo que se podría calificar como una “sintaxis común” presente en muchos pasajes de este texto, existe también la preocupación conjunta sobre el futuro de la humanidad, aunque los poetas puedan diferir en sus apreciaciones sobre el tema. De igual forma existe un uso del adjetivo muy similar y, asimismo, una factura de la imagen que une a los dos poetas evidentemente. En lo que respecta a la influencia de Ecuatorial, Robert E. Gurney nos aclara de forma certera las particularidades que reviste:



“La reacción de Larrea a Ecuatorial fue más que
la mera admiración por ciertas imágenes. Fue, de
hecho, el tono general del poema lo que afectó y
actuó como catalizador de Cosmopolitano”. (25)



Basándose en los versos finales de Ecuatorial, que anuncian “el Fin del Universo”, Larrea construye su poema en un tono apocalíptico. Aunque el poema de Huidobro canta al nuevo mundo, señalando el fin de la era de Europa, Larrea retiene para sí los versos finales que, evidentemente, descontextualizados, parecieran hacer referencia a un fin del universo:

CRUZ DEL SUR
SUPREMO SIGLO AVIÓN DE CRISTO
El niño sonrosado de las alas desnudas
Vendrá con el clarín entre los dedos
El clarín aún fresco que anuncia
El Fin del Universo” (26)


Tal vez el punto de conexión más interesante entre ambos textos se dé desde el punto de vista formal. Es sabido que la mayoría de los poetas de vanguardia desarrollaban sus poéticas en textos de escasa extensión, lo que disminuía, a los ojos de la crítica y de ellos mismos, la eficacia para que sus postulados teóricos y su misma poesía fueran considerados como un serio intento por renovar la lírica de la época. Consciente de esto Huidobro concibe Ecuatorial y Larrea su “Cosmopolitano”. Inspirado por la lectura del libro del chileno, el poeta español opta por abandonar las composiciones de extensión breve y adopta el texto largo que puede permitirle experimentar y explayarse de manera más completa adoptando, entre otros motivos, el ya señalado “tema del viaje” (esencial en Ecuatorial). Aunque no hay un desplazamiento hacia lugares exóticos ni un recorrido por distintos mares, si existe un viaje por esta ciudad moderna donde se recorre su geografía y su gente. Es un viaje interno, paralelamente al paseo urbano, hacia la conciliación espiritual, hacia la mujer que desea (cuya aparición es hacia el final del poema) en una referencia más que nostálgica y como colofón y descanso a este recorrido imaginario.
A manera de epílogo, es necesario subrayar que la búsqueda poética de Juan Larrea no puede resumirse como un problema estrictamente literario. Su ansia de comprensión del mundo y su necesidad de libertad logran en la poesía un marco adecuado durante una época de su vida. Desde el creacionismo hasta sus hallazgos personales, ya sea en la propia corriente huidobreana como en la poesía escrita a instancias de su experiencia personal, la posición de Larrea es prácticamente la misma. Fundamentalmente prevalece su inquietud renovadora –muchas veces lejos de las modas, del ultraísmo, de las veleidades y prebendas- pero con la clara intención de conseguir una postura filosófica en torno a la existencia que, tal vez, hace que abandone la poesía como método de indagación y le aproxime al ensayo como medio de interpretación más objetivo y, a su vez, más totalizador. En todo momento, el poeta vasco intuye la necesidad de replantearse a si mismo (y a su obra) en pos de procurar una perspectiva que logre abarcar todos los aspectos que él considera necesarios para plasmar su pensamiento. De ahí que abandone la vanguardia e intente una poesía mística, sin que esto signifique, en absoluto, una renuncia a sus extraordinarios esfuerzos por construir una lírica auténticamente nueva en España, tan decaída y atrasada, desde ese punto de vista, en los años del apogeo del creacionismo.

Santiago de Chile, diciembre de 2003



1 Larrea, Juan. Versión celeste. Barral Editores. Barcelona, 1970. Se trata de la edición aquí utilizada. La editio princeps (bilingüe, castellano-italiano) está datada en Torino, Italia en 1969, traducida por Vittorio Bodini

2 Ya Guillermo de Torre señalaba en su Historia de la Literaturas de vanguardia (Guadarrama, Madrid 1974) esta forma tan especial de transmisión literaria en el caso de la obra de Vicente Huidobro.

3 Videla, Gloria. El ultraísmo. Ed Gredos. Madrid, 19…, Capítulo “Poetas del movimiento”, p. 134.

4 Bary, David. “Sobre la poética de Juan Larrea” en Nuevos estudios sobre Huidobro y Larrea. Ed.
Pre-Textos. Valencia, 1984, pp.107-108.

5 Hasta la muerte del poeta chileno, Larrea continuó un nutrido epistolario con Huidobro, muchas de esas cartas demuestran la gran amistad entre ambos escritores.

6 Citado por Robert Gurney en su libro La poesía de Juan Larrea. Servicio editorial de la Universidad del País Vasco. Bilbao, s/f. (Traducción del inglés de Juan Manuel Díaz de Guereñu), p. 78.

7 Cfr. Gurney, Robert. Larrea y la poesía francesa anterior al surrealismo, incluido en Al amor de Larrea. Ed. Pre-Textos. Valencia, 1985, pp.11-38.

8 Aunque Larrea no pueda considerarse como un surrealista en términos rigurosos, sus concepciones y la estructuración de sus reflexiones se enfrentan al mundo desde una postura similar a la de esta vanguardia.

9 Vivanco, Luis Felipe. Juan Larrea y su Versión celeste. En Rico, Francisco. Historia y crítica de la literatura española. (1914-1939). Editorial Crítica. Madrid, 198., pp.243-246.

10 Tal como adelantara Gerardo Diego en su famosa antología Poesía española contemporánea (1901-1934). Ed. Taurus, Madrid, 1979, p. 374.

11 Cfr. Fuster Albi-Joan, José. Antología del surrealismo español. Alicante, 1952.

12 Larrea, Juan. Versión celeste. Op. Cit.

13 Larrea, Juan. Versión Celeste. Op. Cit., p. 19.

14 Una imagen netamente huidobreana que el poeta chileno explotará hasta las últimas consecuencias y posibilidades en el “Canto VI” de su poema Altazor.

15 Larrea, Juan. Versión celeste. Op. Cit.

16 Larrea, Juan. Del surrealismo a Machu-Picchu. Ed. Joaquín Mortiz. México, 1967.

17 Larrea, Juan. Teología de la Cultura. Ed. Los sesenta. México, 1965.

18 Larrea, Juan. Carta del 7 de diciembre de 1973 a Robert E. Gurney. Recogida en el libro de Gurney, La poesía de Juan Larrea. Op`. Cit., pp. 175-176.

19 Vid. “Larrea y el misticismo” donde Gurney desarrolla un estudio de la poesía del bilbaíno a partir de 1926, fecha señalada como el principio de su distanciamiento con la vanguardia creacionista. En La poesía de Juan Larrea. Op. Cit., pp. 217-240.

20 Carta de Juan Larrea al profesor Gurney fechada en Córdoba, Argentina, el 7 de diciembre de 1973. Recogida también en el libro La poesía de Juan Larrea. Op. Cit., p. 217.

21 Publicado por primera vez en la revista “Cervantes” (del movimiento ultraísta) en Madrid en noviembre de 1919, pp. 22-28.

22 Huidobro, Vicente. Ecuatorial. Imprenta Pueyo. Madrid, 1918.

23 Carta a Gurney del 7 de diciembre de 1973. En La poesía de Juan Larrea. Op. Cit., p. 135.

24 Vid. Gurney, Robert. La poesía de Juan Larrea. Op. Cit., pp. 131-164.
Gurney, Robert. Op. Cit., p. 136.

25 Huidobro, Vicente, Ecuatorial. En Obras Completas. Editorial Andrés Bello. Santiago de Chile, 1976, p. 292.

HUIDOBRO EN ESPAÑA por ANDRÉS MORALES


Vicente Huidobro, dibujo de Pablo Picasso
 

La importancia de las visitas del poeta chileno Vicente Huidobro a España han sido fuente constante de polémica entre sus defensores y detractores quienes aumentan o disminuyen el peso específico de su alcance sobre los autores del momento. De lo que no cabe ninguna duda es que su paso por Madrid fue decisivo para la necesaria renovación de la poesía que, por ese entonces se escribía en la península ibérica. Aunque quizás su primer viaje de 1918, con la difusión de libros como El espejo de agua y Horizon Carré o la divulgación de sus ideas creacionistas que darían como fruto el nacimiento del ultraísmo, haya sido más decisivo que el segundo de 1919 (con la temprana noticia a Cansinos de su poema Altazor), el polémico tercero de 1920 , el cuarto de 1921, el quinto de 1931 (en el que publicará Altazor y Temblor de Cielo), el sexto - marcado por la guerra civil - de 1936, o el séptimo de 1937 (año del famoso Congreso de Escritores Antifascistas) todos revisten una importancia que ningún crítico puede desestimar. Lo que hoy aparece como indispensable es dimensionar con la mayor equidad posible la trascendencia que estas visitas significaron para la literatura española de esos días y, también, para la propia escritura del autor chileno. Esta necesaria revisión debe entregar las claves para un mejor conocimiento de la poesía vanguardista peninsular y también para entender los inicios y vínculos con una parte importante de la literatura hispanoamericana de vanguardias.





El primer viaje: 1918





Aunque ya se podían constatar algunos cambios y un interés por las nuevas técnicas escriturales que se practicaban en Francia e Italia 2, dentro de la poesía española de la época, pocos son los ejemplos auténticamente vanguardistas que pueden citarse con propiedad. En el año 1918 la poesía escrita en la península (salvo contadas excepciones) aún adolecía de un fuerte influjo del Modernismo e incluso de los últimos ecos del Romanticismo tardío. Poco o nada hacía prever que se pudiesen registrar cambios radicales en los procedimientos y en los temas (ya casi anquilosados) de los poetas españoles. Si bien las tertulias cumplían un importante papel como espacios de difusión de las noticias que algunos viajeros traían desde el otro lado de los Pirineos, la mayoría de los escritores no se atrevía - por desconocimiento o timidez - a ensayar aquellas técnicas y, más que eso, a poner en práctica esa autentica revolución estilística que constituía la avant garde.
La llegada a Madrid de Vicente Huidobro en ese año debe ser considerada con toda justicia y propiedad como el punto de arranque para que esos jóvenes poetas contertulios de Cansinos Asséns abriesen sus mentes a las nuevas corrientes literarias que desde hacía tiempo ya habían hecho su aparición en el resto del continente europeo 3. Ningún argumento más válido para sostener esta afirmación que las propias palabras de Rafael Cansinos Assens, quien da testimonio de la importancia de este hecho llegando a considerar la visita del poeta chileno a su tertulia del Café “Colonial” como uno de los acontecimientos más importantes de 1918:



“(…) el acontecimiento supremo del año literario que
ahora acaba, lo constituye el tránsito por esta corte
del joven poeta chileno Vicente Huidobro, que a me-
diados de estío llegó a nosotros, de regreso de París
donde pudo ver las grandes cosas de la guerra y al-
canzar las últimas evoluciones literarias. Pocas líneas
en nuestra prensa señalaron la estancia del original
cantor, que retraído y desdeñoso, sólo se comunicó con
unos pocos para anunciarles sus primicias nuevas. Y,
sin embargo, su venida a Madrid fue el único aconte-
cimiento literario del año, porque con él pasaron por
nuestro meridiano las últimas tendencias estéticas del
extranjero; y él mismo asumía la representación de una
de ellas, no la menos interesante, el creacionismo, cuya
paternidad compartió allá en París con otro singular
poeta, Pedro Reverdy, el autor de Les ardoises du toit,
y cuyo evangelio práctico recogió en un libro, Horizon
carré (París, 1917).
(…) Huidobro nos traía primicias completamente nue-
vas, nombres nuevos, obras nuevas; un ultramodernis-
mo.
(…) De estos coloquios familiares, una virtud de reno-
vación trascendió a nuestra lírica; y un día, quizá no le-
jano muchos matices nuevos de libros futuros habrán de
referirse a las exhortaciones apostólicas de Huidobro,
que trajo el verbo nuevo. Porque su estancia aquí, de
julio a noviembre, en que tornó a su patria chilena, los
poetas más jóvenes le rodearon y de él aprendieron
otros números musicales y otros modos de percibir la
belleza (…)4





De igual forma, Cansinos adelanta las ideas expuestas en un artículo publicado en la revista “Cosmópolis” el año 1919 (antecedente del capítulo dedicado a la estancia del chileno en Madrid que luego ampliaría en su libro La nueva literatura publicado en 1925). Es interesante comprobar el simil que establece el escritor español con las visitas realizadas por Rubén Darío:





(…) De igual modo, el paso de Huidobro por
entre nuestros jóvenes ha sido una lección de
modernidad y un acicate para trasponer las
puertas que nunca deben cerrarse. Porque
si Rubén vino a acabar con el romanticismo,
Huidobro ha venido a descubrir la senectud
del ciclo novecentista y de sus arquetipos, en
cuya imitación se adiestran hoy, por desgra-
cia, los jóvenes, semejantes a los alumnos
de dibujo que se ejercitan copiando manos
y pies de estatuas clásicas (…)”5





Este decisivo testimonio de Cansinos permite situar con precisión los alcances de esta primera visita que, sin restar ningún mérito a Huidobro, restringe el ámbito de su influencia a los miembros de la tertulia del Café “Colonial” y, tal vez, a unos pocos más interesados. Pero he aquí el punto más interesante, pues es posible constatar un fenómeno de transmisión literaria curioso pero no por eso menos influyente y decisivo. La importancia de la llegada de Huidobro al Madrid de 1918 está determinada por la forma en cómo se conocieron sus textos: lecturas públicas ante los jóvenes poetas de la tertulia de Cansinos, charlas sobre las distintas vanguardias, sobre el propio creacionismo y difusión de algunos escasos ejemplares de Horizón carré entre los mismos asistentes. Desde estos ejemplares empezarían a copiar los poemas otros jóvenes autores extendiendo el conocimiento de los textos del chileno y, fundamentalmente, de los procedimientos que allí se aplican como autentica novedad para los españoles 6. Los jovencísimos Xavier Bóveda (1898 -1950?), Rogelio Buendía (1891 - 1969), José de Ciria y Escalante (1903 - 1924), César A. Comet (1890 - ?), Pedro Garfias (1901 - 1967), Rafael Lasso de la Vega, Marqués de Villanova (1890 - 1959), Eugenio Montes (1897 - 1982), Eliodoro Puche (1885 - 1964), Pedro Raida (1890? - ?), José Rivas Panedas (1890 - ?) Guillermo De Torre (1900 - 1971), Adriano Del Valle (1895 - 1958), Isaac Del Vando Villar (1890 - 1963), Francisco Vighi (1890 - 1961) y otros serían los difusores que ampliaron la órbita de influencia del poeta chileno. El nacimiento del ultraísmo empieza justamente a partir de la palabra “ultramodernismo” utilizada por Cansinos a propósito de la escritura que dio a conocer Huidobro y en el momento en que los poetas españoles comienzan, al igual que amanuenses medievales, a copiar y a distribuir entre otros interesados los poemas de Horizón Carré y, es de suponer, de la plaquette El espejo de agua.
La correspondencia que el poeta chileno iniciará con los futuros miembros del ultraísmo español (con diversos consejos y el envío de ejemplares de sus libros) será el otro vehículo de transmisión de las ideas que irán plasmando hasta la formación “oficial” de esta singular vanguardia (otoño de 1918) con la publicación en periódicos madrileños (y más tarde, en 1919, en la revista “Cosmópolis”) del primer manifiesto ultraísta: “Ultra”.
Casi desde sus orígenes se iniciará la polémica que va a existir permanentemente entre Vicente Huidobro y aquellos nuevos poetas del ultraísmo. Como si se tratara de un rápido parricidio, muy tempranamente los diversos autores de ultra (de un “peso específico” bastante dudoso)7 se encargarán de señalar la distancia que media entre ellos y el poeta chileno, rechazando la idea de seguir ciegamente los dictados del creacionismo. Como era de esperar, la respuesta de Huidobro no tardará demasiado aclarando con mucha precisión el escaso valor literario de los textos producidos por los poetas ultraístas y la casi nula concepción vanguardista que estos poseen 8 .
Paralelamente, se inician los primeros contactos epistolares entre Huidobro y el futuro miembro del grupo poético de 1927, Gerardo Diego. Esta relación, sin duda una de las más importantes de las que sostuviera el poeta chileno con escritores peninsulares, continuará hasta la muerte del chileno en 1948. Diego es uno de los poetas que justamente conocerá la obra del chileno a través de las copias realizadas por los asistentes a la tertulia de Cansinos, relatando así esta experiencia:





“(…) Yo comencé a conocer la poesía de Huidobro en
enero de 1919 - antes sólo algún fragmento aislado y re-
ferencias críticas de Cansinos - y en seguida tenía ya co-
piados sus últimos libros, que me prestó Eugenio Montes,
fervoroso huidobrista de aquella hora. A Vicente después
de cruzarnos algunas cartas (claro está que yo fui el pri-
mero en escribirle para manifestarle mi entusiasmo), le
conocí personalmente en Madrid en el invierno de 1920-
1921 (…)”9





Este interesante vínculo hará de la poesía de Diego una de las más singulares de todo el inmenso corpus del grupo poético del 27, ya que este poeta santanderino combinará una escritura de corte clásico con otra de corte vanguardista, alternándola con gran soltura y sin manifestar mayores contradicciones en esta práctica tan especial. El fervor creacionista de Gerardo Diego se manifestará hasta sus últimos libros10 donde continúa el ejercicio de su “poesía de creación” -como él mismo la llama en clara referencia a una programada adhesión a las enseñanzas de Vicente Huidobro- transformándose así en el único continuador en toda la lengua castellana (con ciertas particularidades propias, claro está) de la vanguardia huidobreana. Los aportes de Diego al creacionismo son múltiples y amplían el horizonte inaugurado por el poeta chileno: un constante diálogo con la tradición hispánica (Garcilaso, Góngora, etc.), el uso de la rima consonante, el verso medido, la incorporación de un espíritu lírico aún más lúdico y humorístico que el huidobreano (en el sentido de la profunda exploración que Diego realiza en el campo del humor y de las posibilidades de ironizar frente a la poesía decimonónica, por ejemplo) sumado al intento por realizar una síntesis entre la tradición y la vanguardia (Fábula de Equis y Zeda), a la par de recorrer paralelamente ambas formas de entender la poesía, hacen que la obra de Diego deba ser valorada no como la de un seguidor, sino como un esfuerzo por ensanchar más aún las fronteras del creacionismo.
El caso de Juan Larrea reviste también características únicas. A instancias del propio Gerardo Diego, Larrea conoce la obra del poeta chileno y queda tan impresionado por la misma, que no sólo va a cambiar sus concepciones estéticas sino su forma de entender al mundo desde una perspectiva diferente. David Bary 11 relata con mucha propiedad este cambio existencial y literario:



“(…) En 1919 Larrea tuvo su primer encuentro con
la poesía de Huidobro, gracias a la intervención de
Gerardo Diego. El efecto fue fulminante. El conoci-
miento de un par de los Poemas árticos le reveló al
joven bilbaíno la posibilidad de la liberación no sólo
literaria sino cultural y personal. Empezó de golpe a
escribir de una manera nueva y a entrever la esperan-
za de vivir de un modo hasta entonces insospechado,
libre de las trabas de una cultura rezagada e inflexible
(…).”12



El único libro de Larrea, Versión Celeste (1970) será tributario, en su primera parte, de la estética creacionista. Igualmente, el poema de mayor extensión que Larrea escribiera, “Cosmopolitano” (publicado en “Cervantes” en noviembre de 1919) y que, sin lugar a dudas, hay que filiar con Ecuatorial13, no sólo por compartir el tema del viaje como eje central, sino por el tono general del poema, considerando su extraordinaria importancia en la poesía española de ese entonces por su temprana aparición y los recursos creacionistas aplicados con una segura propiedad que lo distingue de todos los otros experimentos peninsulares. La admiración del poeta bilbaíno por Huidobro no cesará jamás, aunque su escritura derive, sin duda, hacia la órbita surrealista. De hecho, junto con difundir al gran poeta peruano César Vallejo en su famosa revista “Aula Vallejo”, Larrea defenderá siempre la trayectoria poética de su amigo chileno. 13
Un último hecho vendrá a subrayar la trascendencia del primer viaje de Huidobro a la capital de España: la edición de cuatro libros importantes dentro de su producción literaria, Poemas árticos, Ecuatorial, Tour Eiffel y Hallalí, todos publicados durante 1918 14 y de los cuales la crítica de la época no dice prácticamente nada. Sin duda los escasos tirajes y las dificultades en la distribución de libros considerados como extraños y demasiado temerarios incidió notablemente para que los periódicos y revistas de ese entonces mantuvieran un imperdonable silencio. A esto debe agregarse que, salvo figuras excepcionales, la mayoría de los críticos y escritores españoles no dominaban la lengua francesa (tres de estos libros fueron publicados en ese idioma y sin traducción al castellano) lo que complicaba aún más su recepción.
Como reflexión final a esta primera visita, es necesario destacar el hecho que el paso de Huidobro por Madrid (a pesar de los múltiples comentarios de Guillermo De Torre y otros detractores) no puede dejar de señalarse como el momento inaugural de la vanguardia española; vanguardia que no sólo debe ser restringida al ámbito del ultraísmo, sino también al propio creacionismo que tocará directamente a dos miembros del 27, Diego y Larrea, consolidando a la vanguardia como una nueva forma de escritura, pero, por sobre todo, en el caso de los poetas creacionistas españoles, dotándola de autores de calidad, asunto que en el ámbito del heterogéneo ultraísmo (y a juicio del propio Huidobro) se encontraba prácticamente ausente.





Los viajes de 1919, 1920 y 1921





Tal como se señaló anteriormente, los viajes inmediatamente posteriores a 1918 no revestirán la misma importancia que el primero.
En 1919, de camino a Chile, Huidobro pasa por la capital española y nuevamente acogido por la hospitalidad de Rafael Cansinos Asséns enseña a los contertulios del Café “Colonial” los primeros esbozos de escritura de Altazor, poema que en ese entonces escribía en francés y con el título de Voyage en parachute. También por esos días, Cansinos traducirá para una de las revistas ultraístas más importantes, “Cervantes”, Tour Eiffel, y Hallalí, libros que habían aparecido el año anterior en la capital española sólo en versión francesa 15 .
1920 será el año en que se desate la seguidilla de oscuras polémicas y también el de su progresivo alejamiento de los jóvenes ultraístas. Si bien Huidobro colabora con diversas revistas del movimiento español (“Grecia”, “Ultra”, “Cervantes” y “Tableros”) será una entrevista concedida por Pierre Reverdy a Enrique Gómez Carrillo para “El Liberal” de Madrid -donde Reverdy se atribuye la paternidad del creacionismo y acusa al chileno de antedatar la plaquette El espejo de agua (Buenos Aires, 1916)- la que gatille toda clase de discursos a favor y en contra del chileno 16 . Guillermo de Torre abogará primero a favor del poeta y luego tomará el bando opuesto para entonces dejar muy en claro su posición en su polémico libro Historia de las literaturas de vanguardia;17 en todo caso, esta “guerrilla literaria” no aportará más que confusión y animadversiones que poco o nada tienen que ver con la real dimensión de la obra huidobreana. Lo que si es conveniente aclarar, es que desde el año 1919 los ultraístas habían manifestado su interés por separarse de los lineamientos creacionistas, como queda explicitado en un texto de José Rivas Panedas publicado en la revista “Cervantes” y titulado Protesto en nombre de Ultra 18 :





“(…) el creacionismo, es algo bien concreto, al menos
una cosa muy concreta al lado de nuestro Ultra, que no
nos cansaremos de repetir, que no es un dogma ni un
modo. El creacionismo sí (…)”19





Lo que evidencia justamente una de las críticas más certeras de Vicente Huidobro a la vanguardia peninsular: su falta de carácter, de homogeneidad, su carencia de una idea central, de un eje que de alguna manera particularice y distinga la apuesta del ultraísmo de las otras corrientes de la época. Un problema que apunta a esa facultad receptora de ultra a todas las innovaciones al uso (futurismo, dadaísmo, expresionismo, creacionismo), pero que no logra decantar en la opción concreta ni menos en la práctica poética 20 .
El año 1921 está marcado por la aparición en Madrid del primer número de la revista “Creación, Revista Internacional de Arte” (fundada y dirigida por Huidobro, que vio la luz en abril) y cuyo contenido incluía poemas y artículos en diversos idiomas, partituras musicales e ilustraciones de George Braque, Juan Gris y Pablo Picasso entre otros. 21 Poco o nada ha quedado registrado de la resonancia de esta publicación, aunque es necesario consignar que tanto Larrea como Diego la citan como otro de los instrumentos que allanaron el camino a la introducción de las ideas vanguardistas. Cabe destacar que éste es el año en que Huidobro conoce personalmente a Gerardo Diego y Juan Larrea, iniciando la ya mencionada amistad que se mantendrá inalterable aún en los momentos más álgidos de las diversas polémicas.
En última instancia hay que señalar otro hecho importante acontecido en ese viaje: se trata de la conferencia pronunciada en diciembre por Huidobro en el Ateneo de Madrid -presentado por el poeta Mauricio Bacarisse- y cuyo título (como acreditan los recortes de prensa del propio autor 22 ) “Estética Moderna” intenta reafirmar la importancia del creacionismo en el contexto de las literaturas de vanguardia. El interés y vigencia del texto será tal, que Huidobro lo publicará en 1931 como prólogo a uno de sus libros más significativos, Temblor de cielo.





Un fracaso inexplicable: el viaje de 1931





En los meses de enero y febrero de 1931 Huidobro reside una vez más en la capital de España 23 . Asiste a recitales poéticos (entre los que cabe destacar “Poeta en Nueva York” realizado por Federico García Lorca), proyecta publicar nuevas revistas, polemiza con Luis Buñuel, se aleja de los escritores del grupo del 27 y publica dos de sus libros más importantes: Altazor y Temblor de Cielo 24 en dos casas editoriales de gran prestigio en el ámbito literario español. Estos libros, tal vez los más destacados de toda la producción huidobreana, no merecen mayor atención de la crítica. Como ya ha sido usual en la prensa madrileña, las reseñas sobre la obra del chileno destacan por su ausencia. Hecho singular, inexplicable (o solo explicable por las múltiples enemistades granjeadas por el poeta en sus anteriores visitas) que se asemeja a otros silencios y cegueras sufridos por escritores importantes. No es este el espacio indicado para realizar una valoración de textos tan determinantes en el panorama de la literatura escrita en lengua castellana, pero llama la atención profundamente que del poeta sólo se recojan una entrevista realizada por César González-Ruano en “El Heraldo de Madrid” 25 (cuando aún no aparecían los libros mencionados) y un par de notas sociales donde se relata un banquete ofrecido en su honor por un grupo de poetas y amigos 26 . Al revisar la trascendencia de Altazor (y a la luz de lo que hoy señalan y destacan los propios poetas españoles) es casi increíble tal pobreza de recepción crítica.
Lo que aparece como incuestionable es el gran aprecio que Huidobro sentía hacia España y hacia muchos de sus artistas y escritores, aunque no recibiera un reconocimiento abierto, el poeta chileno expresará siempre su admiración y afecto. La siguiente ocasión en que regrese a la península - en medio de la guerra civil - lo explicitará tanto en sus poemas como en diversos artículos y discursos.




1936 - 1937: Guerra civil y Congreso de Escritores Antifascistas





Inaugurada la Segunda República española el 14 de abril de 1931 (sólo un par de meses después que Huidobro regresara a París) los enfrentamientos entre diferentes posturas ideológicas no tardarían en hacerse presentes. Luego de gobiernos inestables y una polarización cada vez más extrema, en 1936 estalla la guerra civil comprometiendo a un número impresionante de intelectuales y artistas en favor de la causa republicana. Huidobro, quien había ingresado a las filas comunistas en esa misma década (y a las que renunciaría poco más tarde, con una gran desilusión motivada por el increíble pacto germano- soviético firmado por Ribentropp y Molotov en 1939) no deja de conmoverse por la tragedia española y declara muy enfáticamente su adhesión al bando republicano, viajando desde Chile hasta la península en 1936, el mismo año en que se inicia la contienda 27
Su participación en la guerra es muy similar a la de un gran número de poetas españoles e hispanoamericanos: discursos políticos, entrevistas, declaraciones a la prensa, lecturas de poemas, etc.28 . Incluso arenga a las tropas nacionalistas desde un coche blindado, mediante un altavoz, en los frentes de Madrid y Aragón instándoles a desertar del bando rebelde para “pasarse” al republicano (muchos escritores como Rafael Alberti, Miguel Hernández y hasta Antonio Machado, realizarían una labor similar en distintas radios leales). Su pasión se desborda por lo que considera una traición terrible a la voluntad del pueblo. La mayor parte de sus declaraciones subraya este punto agregando, en ocasiones, la necesidad que el continente americano y europeo se comprometan a salvaguardar la integridad de la República y sus conquistas políticas y sociales.
1937 se inicia para Huidobro con el recrudecimiento de las antiguas rencillas mantenidas con Pablo Neruda. Diferentes cartas firmadas a favor y en contra de ambos chilenos enconan aún más las posiciones. El asunto intenta zanjarse más tarde con otra misiva dirigida a Neruda y a Huidobro y firmada por un número considerable de intelectuales europeos y latinoamericanos. En esta se les solicita que depongan sus diferencias en pos de la causa común que los une, la defensa de la República española 29 .
Este año será el último en que Huidobro visite España. Sin saber que se trata de una despedida, asiste como representante de Chile al II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura (celebrado en Valencia, Madrid y París, sucesivamente). Allí se reúne con antiguos amigos y conoce a otros con quien luego constituirá estrechas relaciones (el caso de André Malraux, por ejemplo). Sirve de corresponsal para algunos periódicos chilenos como “Frente Popular” y “La Opinión” de Santiago 30 y escribe algunos poemas alusivos al conflicto que publica, junto a artículos, en revistas tan importantes como “El Mono azul” y “Hora de España”.
De regreso a Chile, continuará su labor de respaldo a la República, denunciando la intervención italiana en España de algunos aviadores que están en gira por Sud-América a través de su poema “Fuera de aquí” 31 (publicado en el diario “La Opinión” y que le cuesta una agresión física en la puerta de su casa por parte de simpatizantes de Mussolini). Igualmente, proyecta editar un libro titulado Salud, que nunca fue publicado, con entrevistas a figuras relevantes de la República (Miaja, “la Pasionaria”, Líster, Lluis Companys, “El Campesino”, etc.) y algunos de los escritores integrantes de las “Brigadas Internacionales”.
Es posible afirmar que el compromiso de Huidobro por España sólo es comparable al que meses más tarde de terminada la guerra civil lo vinculen con la defensa de Francia y de Europa de las agresiones nazis y fascistas.
Como conclusión a estas páginas dedicadas a la relación del poeta chileno con España, es menester subrayar el papel determinante de Huidobro en el necesario agiornamento de los escritores peninsulares con sus colegas europeos. Los estímulos y el ejemplo del autor de Altazor son incuestionables a la hora de realizar un balance justo del desarrollo de la vanguardia española. Por último, su compromiso con las reformas sociales de la II República española y su defensa incansable por la supervivencia de lo que ésta representaba deben hacer meditar en torno a la idea del poeta de la indispensable ligazón de la península con el resto de Europa. Luego de muchos años de aislamiento, tanto los intelectuales y artistas españoles como los políticos y la gran mayoría de su población llegarían por fin a una conclusión similar.


1 Asunto que ya puede darse por finalizado con diversos estudios que han privilegiando el valor estético de su obra más que los supuestos protagonismos estériles que solo contribuyeron históricamente a una pobre recepción de su obra. Entre los trabajos que han valorado el aporte decisivo de Huidobro, es necesario mencionar a Gloria Videla (El ultraísmo. Estudios sobre movimientos de vanguardia en España. Editorial Gredos. Madrid,1963), a José Luis Bernal (editor) con su recopilación Gerardo Diego y la vanguardia hispánica (Universidad de Extremadura. Cáceres, 1993) y a Juan Jacobo Bajarlía (Orígenes creacionistas del ultraísmo: los plagios de Guillermo de Torre a Vicente Huidobro. Revista “Aérea”, N. 1. Santiago de Chile - Buenos Aires, 1997), fuera de los testimonios directos de Gerardo Diego (Poesía y Creacionismo de Vicente Huidobro, en “Cuadernos Hispanoamericanos”, LXXIV, N. 222 (junio) Madrid, 1968; Del modernismo al ultra, al creacionismo y al grupo poético del 27, en Crítica y Poesía. Ediciones Júcar. Madrid, 1984), Rafael Cansinos - Asséns (Un gran poeta chileno: Vicente Huidobro y el Creacionismo, en “Cosmópolis”, Madrid, 1 de enero de 1919), entre otros. Por otra parte, entre aquellos que han desestimado los aportes del chileno hay que mencionar a Guillermo De Torre (Literaturas europeas de vanguardia. Editorial Cago Raggio. Madrid, 1925; La polémica del creacionismo. Huidobro y Reverdy. En “Ficción”, Nos. 35-37 (enero - junio ) Buenos Aires, 1962; Historia de las literaturas de vanguardia. Editorial Guadarrama. Madrid, 1965) o las diversas proclamas de autonomía de los propios ultraístas, donde destaca la de José Rivas Panedas (Protesto en nombre de Ultra, en “Cervantes”, septiembre de 1919. Citado por Gloria Videla en El Ultraísmo. Op. Cit.), señalando las fuentes principales
2 Paradigmáticos son los casos de Ramón Gómez de la Serna y de Rafael Cansinos Asséns quienes en sus tertulias (“Pombo” y Café “Colonial”) abrían espacio a la vanguardia futurista. Mención aparte merece la vanguardia en lengua catalana con los trabajos de Gabriel Alomar (1873-1941) a quien Huidobro valoraba incluso antes de su primer viaje a Europa, fundamentalmente su texto El futurisme i altres assaigs, reeditado por Edicions 62. Barcelona, 1970 y cuyas relaciones con el autor de Altazor ha estudiado detalladamente Mireya Camurati en su libro Poesía y Poética de Vicente Huidobro. Editorial Fernando García Cambeiro. Buenos Aires, 1980. El influjo huidobreano es importante en la consideración de otros poetas catalanes como Josep-Viçent Foix (1893-1987), con quien mantiene un breve epistolario conservado en la Fundación Huidobro de Santiago. Igualmente, Foix demuestra su admiración por las ideas tanto políticas como estéticas del chileno en A la pau pel federealisme, un artículo publicado en “La Publicitat” el 20 de enero de 1933 y donde declara (en catalán): “(…) El manifiesto de Vicente Huidobro, poeta chileno, es también de tendencias federalistas y pacifistas. Huidobro es conocido por algunos poetas catalanes que más habían amado los tan añorados Folguera y Salvat-Papasseit. Tengo de él un lote de libros de poemas muy de acuerdo con la estética cubista del grupo “nord-Sud” y de “Sic” (…)”. Tanto Joaquim Folguera (1893-1919) como Joan Salvat-Papasseit (1894-1924) pueden ser filiados como poetas vanguardistas influenciados por las ideas creacionistas.
3 Desde la crisis de 1898 España se aisló aún más, si es que era posible, del resto de Europa. Las mismas prédicas de los miembros de la generación homónima hacían referencia sobre una indispensable reflexión y un vuelco del interés social y cultural en dirección a las propias raíces castellanas dejando de lado peligrosamente las innovaciones o cambios que podían provenir desde el extranjero. La famosa polémica entre 98 y Modernismo es un buen ejemplo de este asunto.
4 Cansinos Asséns, Rafael. La nueva literatura. Tomo III. Madrid, 1927, pp. 195-197.
5 Cansinos Asséns, Rafael. Un gran poeta chileno: Vicente Huidobro y el Creacionismo. Op. Cit.
6 Básicamente se trata de la ausencia de puntuación, utilización del espacio en blanco, de distintas tipografías y, más importante aún, de la imagen poética como epicentro del texto poético.
7 Asunto que queda refrendado con los diversos juicios emitidos por académicos españoles como Juan Manuel Díaz de Guereñu y Francisco Javier Díez de Revenga. Este último apunta que el ultraísmo “(…) no llegó a desprenderse de un tono jovial y a veces sarcástico o caricaturesco, que tenía mucho que ver, desde luego, con su relación con la greguería ramoniana. La intrascendencia de muchas de estas configuraciones poéticas, la búsqueda de la sorpresa, el aire de juego que llegaron a tener muchos de estos experimentos, definen en cierto modo al ultraísmo, y lo distinguen de otras experiencias que partieron de un punto de salida más serio y comprometido, como lo fue en todo momento el creacionismo, en el que el aire de juego desaparece en su totalidad. (…)”. En Díaz de Revenga, Francisco Javier. Introducción Crítica a Poesía española de vanguardia. Editorial Castalia. Madrid, 1995., p. 17.
8 En carta escrita a Gerardo Diego el 29 de enero de 1922, Huidobro describe minuciosamente los puntos que lo separan del movimiento español: “(…) Espero que usted ha comprendido bien después de conocerme las razones por las cuales yo no podré nunca tomar en serio el ultraísmo pues nada detesto más que los elementos esenciales que lo constituyen: lo pintoresco, la fantasía y el dinamismo de maquinaria. Todo, falsa modernidad, lado externo y no interno. Trompe l’oeil, engaña ojos, para niños nerviosos y vírgenes necias. Tropicalismo meridional representado en Europa ayer por Italia y hoy por España = Futuristas y ultraístas y éstos todavía hijos espúreos, inferiores a aquellos (…)”. Reproducido de la Revista “Poesía” .Nos. 30, 31 y 32. Ministerio de Cultura de España. Madrid, 1989.
9 Diego, Gerardo. Poesía y Creacionismo de Vicente Huidobro. En su libro Crítica y poesía. Op. Cit., pp. 302-303.
10 Entre los libros que hay que destacar de la línea creacionista de Gerardo Diego, merecen especial atención: Imagen (1922), Manual de Espumas (1924), Fábula de Equis y Zeda (1932), Biografía Incompleta (1967), Biografía continuada (1972) y la recopilación de toda su obra vanguardista en el volumen Poesía de Creación (Editorial Seix-Barral. Barcelona,1974). Un análisis extenso sobre las particularidades creacionistas de estos libros ( y los aportes de Diego) se encuentra recogido en mi tesis doctoral Vicente Huidobro y la poesía española contemporánea (Gerardo Diego y Juan Larrea). Universidad Autónoma de Barcelona. Barcelona, 1988.
11 Bary, David. Nuevos estudios sobre Huidobro y Larrea. Editorial Pretextos. Valencia, 1984. Capítulo I “Huidobro y Larrea: relaciones personales e intelectuales”, p. 13.
12 Bary, David. Op. Cit., p. 13
13 El propio Larrea, en carta del 7 de diciembre de 1973, al Profesor Robert E. Gurney, señala la conexión indesmentible de ambos poemas: “(…) En junio (1919) viajé a Madrid como solía hacerlo todos los años. Adquirí Poemas árticos, y por intervención epistolar de Gerardo Diego, visité a Cansinos-Asséns, no en su tertulia literaria del Café Colonial sino en la redacción de “La Correspondencia” Me prestó los restantes libros de Huidobro que copié a mano, siendo Ecuatorial el que me causó impresión más fuerte y duradera. Lo delata mi Cosmopolitano, relativo a una inesperada ciudad cósmica no ajena a la infinita ausencia de mi amada (…)”. En Gurney, Robert E. La poesía de Juan Larrea. Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco. Bilbao, 1985.
13 Para completar una visión más acabada sobre la poesía de Larrea es indispensable mencionar dos libros que han venido a enriquecer el panorama sobre esta obra: en primer lugar, de Robert Gurney La poesía de Juan Larrea. Op. Cit. y también, la recopilación de ponencias de las Primeras Jornadas Internacionales Juan Larrea organizadas en San Sebastián en 1984 y recogidas en forma de libro por Juan Manuel Díaz de Guereñu, Al amor de Larrea. Editorial Pre-Textos. Valencia, 1985.
14 Huidobro, Vicente. Poemas árticos. Imprenta Pueyo. Madrid, 1918, sin foliar, 25x32 cms. Ecuatorial. Imprenta Pueyo. Madrid, 1918, sin foliar, 19x26 cms. Tour Eiffel. Imprenta Pueyo. Madrid, 1918, sin foliar, 25x32 cms. Hallalí. Ediciones Jesús López. Madrid, 1918, sin foliar, 25x32 cms.
15 Las traducciones de Cansinos fueron recogidas en los números de agosto (Hallalí) y septiembre (Tour Eiffel) de 1919.
16 La entrevista de Enrique Gómez Carrillo se publica en “El Liberal” de Madrid el 30 de junio de 1920. A partir de esa fecha se tejerán distintas historias en torno a la antedatación y un sinnúmero de argumentos a favor y en contra que quedarán debidamente esclarecidos por René de Costa y Richard L. Admussen en el artículo Huidobro, Reverdy y la edición príncipe de “El espejo de agua”, (publicado originalmente en inglés en “Comparative Literature”, XXIV, 2 Eugene, 1972 y reproducido en Vicente Huidobro y el creacionismo (René de Costa, editor). Editorial Taurus. Madrid, 1975), donde se demuestra la existencia de un ejemplar facilitado por el poeta chileno Braulio Arenas, recopilador de las primeras Obras Completas (1964) de Huidobro (en las que aseguraba poseer esa primera edición). Más tarde, De Costa reforzaría su aseveración con la edición facsimilar del libro en un encarte de la revista “Peñalabra”, IV, 12, Torrelavega, España, 1974 (acompañada de una Nota bibliográfica a la edición facsímil de “El espejo de agua”, luego reproducida en el libro del propio De Costa En pos de Huidobro. Editorial Universitaria. Santiago de Chile, 1980). Como corolario a esta tan larga polémica, René de Costa insiste en su demostración en el reciente artículo Punto y aparte a una absurda polémica, en “Texturas”, N. 8. Vitoria, 1998.
17 “(…) En cuanto al segundo punto, la influencia del ismo huidobreano, cualquier observador objetivo del panorama literario en España hacia 1920 deberá reconocer que fue muy escasa, al contrario de lo que opinan sin fundamento, sin datos probatorios, quienes pretenden hacer derivar todo de ahí. En primer término, por el motivo poderoso de que los libros del chileno, impresos en ediciones privadas, a cuenta del autor, circularon de modo limitadísimo, únicamente entre las personas a quien él se los entregó. De suerte que un influjo más ancho sólo hubiera podido producirse por capilaridad, o bien -según de hecho sucedió- de modo lateral, indirecto, a través de transcripciones y conversaciones; en último extremo, la difusión debióse en buena parte al revuelo suscitado por la aludida polémica. En cualquier caso, tanto el conocimiento como el influjo de Huidobro quedaron diluidos, como uno más, entre otros que planeaban al comienzo del decenio de 1920 (…)”. De Torre, Guillermo. Historia de las literaturas de vanguardia. Volumen II. Editorial Guadarrama. Madrid, 1974 (Tercera Edición), pp. 208-209. El subrayado es mío.
18 Rivas Panedas, José. Protesto en nombre de Ultra. Op. Cit. , p. 105.
19 Rivas Panedas, José. Op. Cit.
20 Conviene recordar el texto de una carta de Huidobro a Gerardo Diego donde el chileno señala: “(…) Sólo una esperanza nos queda: la España del Mañana. La España de hoy, exceptuando a Ud. y dos o tres nombres más se hundirá en el ridículo más profundo (…) Espero que Ud. ha comprendido bien después de conocerme las razones por las cuales yo no podré nunca tomar en serio el ultraísmo, pues nada detesto más que los elementos esenciales que lo constituyen: lo pintoresco, la fantasía y el dinamismo de maquinaria. Todo falsa modernidad, lado externo y no interior (…) Futuristas y ultraístas y estos todavía hijos espurios, inferiores a aquellos (…)”. Publicada en el diario “El Mercurio”, Suplemento “Artes y Letras” bajo el título Dos cartas a Gerardo Diego y un poema inédito de Vicente Huidobro. Santiago de Chile, 7 de diciembre de 1986.
21 El siguiente número aparecerá en París en noviembre de ese mismo año, bajo el nombre de “Création, Revue d’Art”.
22 Conservados en el Archivo de la Fundación Vicente Huidobro de Santiago de Chile y publicados en la Revista “Poesía” Nos. 30-31 y 32. “Número Monográfico dedicado a Vicente Huidobro” (René de Costa Editor). Ministerio de Cultura de España. Madrid, 1989, p.158.
23 En 1929 se ha publicado, con ilustraciones de Santiago Ontañón y por una importante casa editorial (CIAP, Compañía Iberoamericana de Publicaciones) su extraordinaria novela Mio Cid Campeador.
24 Huidobro, Vicente. Altazor o el viaje en paracaídas. Compañía Iberoamericana de publicaciones CIAP. Madrid, 1931. 111 páginas, 16x22 cms. Temblor de cielo. Editorial Plutarco. Madrid, 1931. 80 páginas, 13x18 cms.
25 González-Ruano, César. Poesía y Verdad. Vicente Huidobro, el que trajo las gallinas. En “El Herlado de Madrid”, 6 de enero de 1931. En este curioso artículo (escrito en un tono de humor poético, si cabe), Huidobro menciona a Juan Larrea y Gerardo Diego como los grandes poetas del momento en España, señalando su desconocimiento en torno a la obra de Jorge Guillén, Pedro Salinas, Federico García Lorca y Rafael Alberti. Al mismo tiempo señala su precocidad en la escritura, fechando el año 1913 (y el libro Canciones en la noche) como prueba documental indiscutible de su escritura de caligramas anterior a la de Apollinaire y Marinetti.
26 Destacan entre los asistentes Pedro Sáinz Rodríguez, Juan Chabás, Santiago Ontañón, el diplomático chileno Carlos Morla Lynch y Federico García Lorca, quien leería unos versos escritos en homenaje a Huidobro para la ocasión: “Una abeja me ha contado / desleída en dulce miel / que te vas de nuestro lado / hacia la torre de Eiffel / Y yo que siempre te admiro / Vicente Balart poeta / recibí en mi pecho un tiro / de saeta / Porque la poesía española / ya no te puede olvidar / Pues sin ti se queda sola / Abeja en seca amapola / sin nectar en que libar/ Ya se va, dice la gente / todos dicen ya se va / Yo pregunto dulcemente / la mano sobre la frente / ¿volverá? ¿o no volverá? / Que estos poetas queridos / Carolina y Asunción / llevan la miel en sus vidas / lo amargo en el corazón. / Por eso guarda Vicente / la fresca rosa mejor / que te ofrece humildemente / Federico Conpreamor (sic)”. Vid. Revista “Poesía”. Op. Cit., p. 306.
27 Existe una interesante cantidad de recortes de periódicos, que se conservan en el archivo de la Fundación Vicente Huidobro de Santiago de Chile, donde queda reflejado el interés de la prensa por la adhesión del poeta chileno a la causa antifascista.
28 Es importante señalar que Huidobro ya había mostrado un vivo interés por apoyar a la República española. Ese mismo año, en Chile, organiza a los intelectuales de su país que solidarizan con la Madre Patria en torno al folleto publicado en Santiago, en noviembre, Escritores y Artistas Chilenos a la España Popular, donde se incluye su poema “Está sangrando España”.
29 La carta, enviada a ambos por la Asociación Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura y fechada en París el 1 de mayo de 1937, les conmina a “deponer su actitud en favor de la causa común” y está firmada, entre otros, por escritores de la talla de Tristán Tzara, Alejo Carpentier, César Vallejo, José Bergamín, Juan Larrea, etc. El resultado de esta gestión puede comprobarse por la concurrencia de Huidobro y Neruda al histórico II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, celebrado en Valencia en 1937, donde también asistieron Vallejo, Malraux, González Tuñón, Tzara, Ehrenburg, Machado (Antonio), Spender, Paz, Alberti, Guillén (Nicolás) y un largo etcétera. Vid. Aznar Soler, Manuel y Schneider, Luis Mario. II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura (1937). Actas, Ponencias, Documentos y Testimonios. Vol. III. Generalitat Valenciana, Conselleria de Cultura, Educació i Ciència. Valencia, 1987. La historia de las diferencias entre Huidobro y Neruda se remota a 1934, cuando Huidobro acusa a Neruda de plagiar a Tagore en sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Esta y otras polémicas, sin duda alguna, más que enfrentar a los propios poetas, enardecía los ánimos de sus seguidores, quienes contribuían con sus comentarios a que la relación Neruda - Huidobro fuera irreconciliable. El asunto se complica aún más en 1935, cuando la mayoría de los poetas del 27 (y otros del 36) firmen un “Homenaje a Pablo Neruda”. Huidobro resentirá el golpe grandemente. Entre los firmantes destacan Alberti, Aleixandre, Altolaguirre, Cernuda, Diego, Felipe, García Lorca, Guillén, Salinas, Hernández, Panero, Rosales y Serrano Plaja. Juan Larrea y Juan Ramón Jiménez se niegan a rubricar la declaración; Gerardo Diego lo hace a condición que no haya una referencia explícita en contra del autor de Altazor.
30 Son numerosos los textos remitidos a Chile. Cabe destacar Conducta ejemplar del pueblo español (“La Opinión”, 21-7-36), Mensaje a la juventud americana (“Frente Popular”, 9-7-37) y el polémico La tragedia de Marañón (“La Opinión”, 25-3-37).
31 Este y otros poemas relativos a la guerra civil española, constituyen - como queda explicitado en esta edición de sus Poesías Completas - el corpus de sus Ultimos poemas (Edición Póstuma. Talleres Gráficos Ahués Hnos. Santiago de Chile, 1948). Extrañamente, no fueron incluidos en la mencionada edición póstuma realizada por su hija y depositaria, Manuela Huidobro de Yrarrázaval.